La Dama de Blanco de La Recoleta


Ésta historia llegó a mi familia por tradición oral, ya que la contaba un pariente lejano de mi padre, que había conocido  al cuidador del Cementerio de La Recoleta, en el 30 y 
fue participe fortuito  de esta trágica y tenebrosa historia de amor.  

Luz María García Velloso (1910-1925) –

 

A poco pasos de entrar al Cementerio de La Recoleta, se encuentra una gran hornacina que contiene la escultura yacente de Luz María García Velloso, rodeada de flores, como durmiendo, la obra se le atribuye al escultor argentino Víctor Godín.

Luz María era hija del escritor Enrique García Velloso (foto)

quien fuera un precursor del teatro criollo, autor entre otras obras de “El Barrio de las Ranas” y “El Tango en París”, también llegó a ser el primer Presidente de la “Casa del Teatro”.

En ese ambiente intelectual creció Luz María, que tenía particular encanto para recitar poesías  en las tertulias hogareñas.

Muchos poetas, una vez muerta  le dedicaron versos que podemos observar en la pared lateral de su cripta.

Luz tenía tan solo 15 años cuando murió de leucemia en 1925, siendo única  hija, el golpe para la familia fue fatal, pero más lo sintió su madre, que había depositado todos sus sueños y anhelos en su hija.

Tal fue ese dolor, que la familia (que era reconocida y querida en el ambiente artístico) consiguió un permiso especial, para poder pernotar en el cementerio junto a la cripta. Allí paso varios meses su madre durmiendo y llorando en un pequeño lugar del otro lado de la pequeña reja de la bóveda, todos decían  por aquel entonces,  que la madre no dejaba “descansar en paz”  e ir definitivamente del mundo terrenal a su hija.

En el año 1930  un muchacho de la alta sociedad cruzó la esquina de de Azcuénaga y Vicente López,  justos atrás de cementerio, allí vio sentada a una joven con un vestido blanco que abrazaba sus piernas sollozando, al muchacho le extrañó la situación y se acercó, le habló y le alcanzo un pañuelo,  para que secara sus lágrimas y la invitó a pararse.

La niña de lánguida figura y cabellos largos negros, fascino al muchacho por su belleza enamorándolo a primera vista.

Balbuceante  por el terrible flechazo que sentían en su corazón, la invitó a tomar un café  para consolarla y para conocer más de ella, le preguntó como se llamaba y ella respondió

-“Luz María”.

“Tú eres desde ahora la luz que ilumina esta noche oscura”, le dijo el párvulo enamorado, mientras se sacaba el saco y se lo apoyaba por arriba de los hombros, la joven temblorosa le devolvió el gesto,  con una hermosa sonrisa.

Caminaron del brazo respetuosamente durante los cien metros del oscuro paredón izquierdo  del Cementerio y  se dirigieron al café “La Veredita” hoy trasformado en La Biela, allí charlaron y bebieron animadamente por varias horas.

El joven aristócrata estaba feliz, esa mujer no se parecía en nada a las que frecuentaba diariamente. Luz María le contó de su afición por la poesía y de sus amigos los poetas, que le habían dedicado varios versos para ella.

Un poco ante de la llegada del crepúsculo, pidieron un café más para cerrar la animada tertulia.

De repente, la muchacha se empezó a poner nerviosa y a temblar nuevamente tal como la había encontrado el joven casanova, para calmarla la agarró de su brazo y le prodigo un beso profundo y romántico el que jamás le había dado nadie en su vida.

-“Me tengo que ir”  dijo Luz María  levantándose de golpe de la mesa, volcando el café sobre el bolsillo derecho del elegante saco McCalls cruzado blanco

-“Me tengo que ir”… tengo que volver….adiós”…

y salió rauda por el medio de Plaza Alvear, la joven corrió sobre los jardines y se encamino hacia  las puertas del Cementerio y allí se perdió.

El  joven enamorado que seguía sus pasos  tan sólo unos metros, le gritaba que no se alejara y que le diera una dirección al menos para poder ir a buscarla.

Llegado al gran enrejado del  cementerio, vio como Luz María se perdía en la calle principal envuelta en la bruma matinal y se internaba en una calle que se bifurcaba a la derecha, el joven excitado y desesperado por perderla, empezó a golpear la rejas buscando el lugar por donde había ingresado su amada, sin encontrar portal alguno…. se quedo allí golpeado,  mientras la noche se hacia día.

El cuidador del cementerio alertado por tanto grito , se levantó  y se acercó

-“Déjenme entra le gritó el joven”… “una mujer entro aquí”…

El cuidador  con marcado acento español le respondió

-“Ni modo, el cementerio no tiene entradas alternativas salvo este portón”.

El joven llorando le explicó  toda la historia y de su imperiosa necesidad de encontrar a la mujer de su sueños, ¿no tiene usted una hija llamada Luz María?  le preguntó el muchacho al cuidador

-¡Luz María!  grito el cuidador asombrado, que locura es esta… abriéndole la reja.

Una vez adentro el joven aristócrata,  recorrió el mismo camino que había hecho su amada hacia menos de una hora…llegado a la primera calle que se bifurca la derecha vio que allí estaba su saco, manchado de café… tapando una efigie de una mujer joven y delgada que reposaba sobre un lecho de rosas, lo levantó… temeroso… como si su subconsciente le advirtiera lo que iba a encontrar allí…

Allí estaba… allí estaba, la figura tallada a cincel de la que hacia minutos había tenido entre sus brazos, allí estaban esos labios tallado en mármol, seguramente tan fríos, como los que hacia instantes había besado…

Confundido y enajenado… se alejo un poco del sepulcro y vio la leyenda que sobresalía en su friso “Luz María García Velloso”.

 

El muchacho se sintió desfallecer y sus piernas flaquearon un instante… y si no fuera por la mano segura del encargado del cementerio, (que lo ayudo a apoyarse en una de las paredes de la bóveda) habría caído al piso.

Allí el joven alcanzo entonces a leer una de las tantas poesías,  que habían esculpidas en honor a la fallecida…y leyó

“Blanca nívea reposa sobre un lecho de rosas,
la acaricia la brisa donde flota su aroma,
Luz María, una tierna y dulce adolescente
yace frente a tus ojos, como bella durmiente.

Duerme su sueño eterno, el sueño de la muerte
esperando tal vez que un beso la despierte,
el beso que quizás ella siempre ha esperado,
el beso del amor, de un príncipe encantado…”

fin

Claudio Navarro

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12 respuestas a La Dama de Blanco de La Recoleta

  1. luis dijo:

    la dama de blanco es rubia y tiene unos inmensos ojos celestes y no es la niñita luz maria dejadla descansar en paz

  2. pau y dilan dijo:

    esto es rre mentira un hombre no puede enamorarse de un fantasma y nole puede poner un saco arriba de sus hombros ni tampoco la puede besar y aparte esa no es la estatua la estatua verdadera es que ella esta parada negras alrededor y parece que se escapa y ella estaba en un ataud y se quedo encerrada por que ella estaba vivay cuando abrieron el cajn de ella estaba todo rascuñado por que ella estaba tratando de salir pero no podia y hay recen murio por que no podia respirar mentirosos

  3. hiop dijo:

    que miedo es re linda la chica

    • soto carlos dijo:

      sos re tonto esa chica es mia

      • luis dijo:

        soto carlos,no tienes idea de lo que estas diciendo,no se juega con estas cosas,hay que ser mas respetuosos y comenzar a pensar el porque suceden estos fenomenos.porque todo tiene su respuesta,pau y dilan,hay que informarse mas antes de hablar,la que ustedes hablan es rufina cambaceres,

  4. eliana9066 dijo:

    estodo verdad vean la historia de la dama de negro

  5. enzo dijo:

    Dejen descandar enpas akos muertos che soy unbNda y se que la dama de ablanco es una ponpajira llamada almas y la reiba das almas

  6. BRANDON V. dijo:

    me encanto lo que lei me conmovio mucho es muy triste al final cuando el muchacho se entera de la verdad

  7. Acsa dijo:

    hola , una pregunta ¿porque hicieron una estatua de ella? …

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